Sobredosis Natural – Artículo

Este artículo salió en la revista Vuelo de Mexicana.

Sin tanta vuelta, en Cuetzalan la gente practica ecoturismo desde hace décadas. El lugar es un secreto muy bien guardado por deportistas y gourmets, y lo mejor es que un fin de semana alcanza para gozar este sitio de ensueño.

Tal vez nos pasa cada año, pero hay días que el cuerpo pide ejercicio, aire puro y verde sin límites. Ahora se llama ecoturismo, pero hace décadas sólo se llamaba “pueblear”. A Cuetzalan ha ido el viajero siempre, pero con el tiempo las razones del viaje han cambiado.

Los habitantes han despertado al ecoturismo, con una infraestructura más enfocada a lo alternativo, comenzando por el tema de las visitas a las cavernas y cuevas que abundan en esta región, una red subterránea de cientos de kilómetros que ofrece caminatas de maravilloso esplendor por debajo de la tierra. Los hay desde principiantes hasta expertos y uno se arriesga a encontrarse con un espeleólogo británico cuya visa de estadía en el país ya ha expirado hace muchos años. También se puede montar a caballo, andar en bicicleta de montaña a campo traviesa por las escarpadas subidas (divertidamente resbalosas sobre todo en tiempo de lluvias). La intensidad de sus cascadas —que más adelante se convierten en ríos subterráneos— hace dudar de los límites entre el turismo alternativo y el misticismo.

 

A pocos kilómetros del paraíso

No hay aeropuerto ni estación de ferrocarril. Para llegar a Cuetzalan hay que tomar un autobús o manejar. De los 174 kilómetros que lo separan de Puebla de los Ángeles, los 22 que van de Libres a Zaragoza corresponden a un tramo nuevo de autopista que se evapora rápidamente, para conducir a un camino montañoso y sinuoso que muestra un paisaje lleno de profundidad y perspectivas, después de Zacapoaxtla y Apulco. La proximidad de Cuetzalan se anuncia con las impactantes paredes, casi verticales, de helechos arborescentes que corren al lado de la estrecha carretera y que no se dejan tocar porque en estas partes es imposible estacionarse. También es posible volar al puerto de Veracruz y manejar alrededor de 290 kilómetros hasta allá.

Al llegar los problemas se acaban. Aunque la palabra ecoturismo pueda sonar amenazante si se tiene condición física “de oficina”, Cuetzalan ofrece otros rubros turísticos que no requieren de tanto vigor, como la gastronomía y la observación de la biodiversidad (especialmente impactante en las áreas de cultivo de los cafetales de las inmediaciones).

En el aspecto gastronómico, se puede disfrutar platillos de la cultura ancestral totonaca, que en su cocina emplea gran variedad de quelites y vegetales comestibles y salsas prominentemente apuntaladas con pipián, ajonjolí y chiles como el chiltepín; desde luego, basado en el consumo de maíz, frijol y otras leguminosas. No puedes dejar de probar los tlacoyos de alverjón, que cocinado con hoja de aguacate, refrenda la tesis de que la buena comida no tiene que ser complicada.

Una buena forma de encontrar todas estas actividades es dirigirse a uno de los hoteles, enfocados a proveer el servicio del más puntual ecoturismo. Tosepan Titataniske, sociedad cooperativa, es una buena opción para tener el paquete completo: uno puede ser testigo de la producción cafetalera, la apicultura, producción de pimienta, canela, vainilla, mamey y flores exóticas, hasta el hospedaje en cabañas con diseño moderno y ecológico; una fusión extraordinaria.

Se trata de una cooperativa formada en su mayoría por personas de ascendencia náhuatl (o “nauta” como ellos se denominan) con gente muy abierta y hospitalaria, lo que permite un cálido diálogo con la cultura regional. 70 por ciento de los habitantes son bilingües (español y náhuatl), orgullosos de su origen.

Al final, lo que realmente vale la pena de tomar un descanso “ecoturístico” es la exaltación de los sentidos: has visto paisajes irrepetibles, la luz pega diferente en las nubes, tus ojos no pueden más de tantos colores. Para despedirte de Cuetzalan no olvides entrar a una bodega donde se guardan costales de pimienta fresca para exportación; ésta debe ser una de las experiencias olfativas más placenteras del mundo. ¡Qué Chanel ni qué nada!

– Boris De Swan

Vuelo es marca registrada de Mexicana de Aviación S.A. de C.V.

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